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Convivir con el Covid-19: países van adoptando esta postura

¿Es posible convivir con el coronavirus? ¿Qué países van adoptando esta convivencia? ¿Cómo y por qué se llegó a este punto? ¿La inmunidad colectiva continúa lejana?

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17 sep. 2021

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Observatorio de Pandemias

ANTECEDENTES


Para luchar contra pandemias las autoridades sanitarias recurren a dos conjuntos de respuestas clásicas: farmacológicas y no farmacológicas.


En el primer grupo se encuentran las medicinas clásicas, las medicinas alternativas y la solución final: las vacunas. El segundo grupo está constituido por las medidas de prevención como el uso de mascarillas, uso de caretas, distancia social, medición de temperatura corporal, pruebas de positividad, identificación, seguimiento y rastreo de contagiados.


Tras unos primeros meses de desconcierto, avances y retrocesos en los tratamientos médicos prescritos con muy poca información del virus y la enfermedad, los primeros estudios – compartidos rápidamente entre científicos de todo el mundo gracias a la tecnología – fueron despejando interrogantes, reduciendo las señales erráticas y logrando certeza en los tratamientos.





Los científicos en tiempo récord identificaron con precisión el genoma del virus, dando inicio automático a la carrera global por las vacunas. Los laboratorios farmacéuticos seleccionaron la tecnología a aplicarse – entre clásicas e innovadoras – desarrollando a marchas forzadas las pruebas de eficacia y seguridad en baterías de estudios preclínicos y clínicos para obtener en meses lo que antes se conseguía en años: vacunas seguras, eficaces y aprobadas por los reguladores más exigentes.



LA INMUNIDAD COLECTIVA


El objetivo del organismo rector, la Organización Mundial de la Salud, fue el mismo desde el inicio: alcanzar el umbral de vacunación mundial considerado suficiente para dejar sin espacio de propagación y mutación a la cepa primigenia del SARS-CoV2.


Lamentablemente los políticos de los países más desarrollados trabajaron para el logro de objetivos de inmunidad nacional, dejando para más adelante el tema de la inmunidad global. Solo medio año después del inicio de la vacunación en el mundo, los hechos demuestran que no se hizo lo correcto.


La concentración de vacunas y vacunación en los países de alta renta, la llegada de olas sucesivas de contagio con nuevas variantes y la libre circulación de la infodemia, contaminó a la población, se generó resistencia ideológica contra la vacunación y se hizo cada vez más difícil alcanzar la inmunidad local.


La inmunidad global se alejó hasta casi la utopía y hoy existe consenso que el umbral de inmunidad colectiva subió a 80%.





Cuando llego la variante Delta quedó en evidencia que en realidad estábamos estancados enfocando un problema global como un problema local. Incluso, se constató dolorosamente que la inequidad social se trasladó íntegramente al campo de las vacunas y que la acumulación de vacunas no servía mucho si parte importante de la población las rechazaba.



EL MAL QUE NO QUISIMOS ENFRENTAR: LA INFODEMIA


¿Qué nos pasó? ¿Cómo llegamos a este punto?


Era previsible, fue palpable y bastante evidente que el contenido nocivo que circulaba en las redes sociales haría daño, pero nadie hizo nada. La energía y recursos de los gobiernos se concentraron en el arsenal clásico contra una pandemia: armas farmacológicas y no farmacológicas.


La gran lección que nos deja la pandemia del COVID-19 es que la infodemia – una especie de leucemia informativa – ha contaminado a las sociedades, pero pudo controlarse con una tercera arma: las comunicacionales.





La resistencia antivacunas ha hecho perder innecesariamente el tiempo, miles de vidas y miles de millones de dólares de economías cerradas, los países del primer mundo han sentido la pegada y tomado la decisión de hacer prevalecer el interés público (salud de la población) sobre el interés particular (la libertad de elegir del individuo).


Primero Francia aplicó restricciones a la movilización a las personas no vacunadas, fue un éxito replicado en varios países, y el presidente Biden de EE.UU. fue un paso más allá, haciendo responsables a las empresas por la vacunación de sus trabajadores, lo cual generó polémica, pero la ley debe cumplirse. Finalmente, Italia ha decretado la obligación para todos las empresas privadas y organismos públicos. 



CONVIVIR CON EL CORONAVIRUS


Es aceptado por todos que la solución final es alcanzar la inmunidad global en un corto espacio de tiempo.


Con disponibilidad de vacunas, el tiempo es la variable critica: tendría que ser más rápido que el periodo donde la efectividad de la vacuna comienza a descender (6 meses, bajo estudio), de tal manera que no haga perder lo avanzado en los primeros tramos de vacunación.


Nadie discute que ese objetivo es aún lejano y que, a partir del 2022, con un portafolio ampliado de vacunas aprobadas el mundo, apuntaría a lograrla en el 2023 y el tema es que la economía y la población ya no dan más. 





18 meses después del inicio de la pandemia, algunos países con alta vacunación (mayor a 70%) han decidido que es hora de reabrir y adoptar el modelo “Vivir con el Covid”, pues los costos de las restricciones económicas y los daños en la salud emocional de las personas superan los beneficios de los confinamientos.


Chile ejecutó una campaña vacunatoria ejemplar que, si bien no evitó una tercera ola muy fuerte con 87% de vacunados, terceras dosis de refuerzos programadas, vacunas a niños mayores de 6 años y los contagios reduciéndose al mínimo histórico, se anunció la reapertura del turismo internacional.


Dinamarca fue el país que arriesgó primero levantando todas las restricciones. Con 74% de su población vacunada y un fuerte sistema hospitalario, considera que el COVID-19 dejó de ser una amenaza para su sociedad, ahora se concentrarán en ayudar a los países más pobres.


Con 81% de la población vacunada, Singapur había comenzado a flexibilizar las restricciones gradualmente, convencidos que es posible vivir normalmente con el coronavirus controlado, pero un aumento en los casos de variante Delta ha obligado a desacelerar el desmontaje.


Tailandia es una potencia receptora de turismo, espera reabrir sus fronteras en Octubre a turistas vacunados y que se sometan a pruebas para ingresar a los destinos más visitados. El celo está bien sustentado, la tasa de vacunación es muy pobre (18% con doble dosis) y los riesgos en este caso podrían ser tan altos como los beneficios.


¿Y cómo vamos en Perú?


Nuestro país fue tal vez el que ordenó el confinamiento más extremo del mundo, con más laxo seguimiento de contagiados y, en paralelo, el menos eficaz en la gestión de vacunas. Hoy en día se ha recuperado el tiempo perdido, un tercio del país ya tiene doble dosis aplicada y el ritmo de vacunación es bueno.


La industria turística esta semi abierta (o semi cerrada) y aún se tienen restricciones de aforo y circulación. Sin embargo, sea por informalidad o agotamiento de todos, la movilidad va retornando espontáneamente en los núcleos urbanos.


Con algo de irresponsabilidad, pero con doble mascarilla. Algo aprendimos.


Información adicional: CNN CHILE