keyboard_arrow_left

El dilema del Covid-19: ¿vacunamos a los niños o al resto del mundo?

La vacunación juvenil e infantil ha generado un dilema ético en los científicos. Se sabe que el efecto del coronavirus en los niños no es muy grave, pero sí podrían ser portadores pasivos. Sin embargo, ¿es necesario vacunarlos para alcanzar la inmunidad colectiva?

access_time

1 oct. 2021

foto de perfil autor

Observatorio de Pandemias

"Las pandemias no solo infectan a las personas, también afectan a las instituciones y la racionalidad en la toma de decisiones públicas, las cuales, en entornos volátiles, tienden a alejarse de la evidencia."



ANTECEDENTES


Desde el inicio de la pandemia la Organización Mundial de la Salud (OMS) priorizó a los adultos mayores y grupos vulnerables como prioritarios en la vacunación. Apoyándose en décadas de investigación y desarrollo de vacunas, pudo establecer un orden de prelación en el que el grupo menos vulnerable a infecciones graves, hospitalización y defunciones eran jóvenes y niños, cuyos sistemas inmunitarios son robustos.


La pandemia no fue inesperada, la OMS venía trabajando escenarios pandémicos, pero la irrupción y rápida propagación tomó por sorpresa a los sistemas sanitarios en el mundo; no disponían de suficientes elementos de protección como las mascarillas, por ejemplo, y los contagios desbordaron los sistemas mejor equipados.


Cuando las vacunas fueron aprobadas, todos pensamos que era el inicio de una carrera para alcanzar la inmunidad colectiva global. La estrategia sanitaria fue comenzar por los grupos de mayor vulnerabilidad e ir descendiendo gradualmente hasta llegar a los adultos de menor vulnerabilidad. Del mismo modo hubo consenso global en la adquisición de las vacunas, tarea exclusiva de los estados, y que las campañas de vacunación se iniciarían en sistemas sanitarios públicos. De cada estado soberano dependía entonces el grado de apertura hacia el sector privado para contribuir al objetivo de la inmunidad colectiva del país.




Fuente: 20minutos



VACUNACIÓN EN EL MUNDO


El escenario previo a la autorización de las vacunas era, por lo menos, preocupante. El Dr. Scott Gottlieb en su libro “Contagio Incontrolable” resume que los sistemas sanitarios de países avanzados estaban bien dotados para manejar pocos problemas de alta complejidad con uso intensivo de tecnología y tenían capacidades para desarrollar fármacos de anticuerpos de ultima generación. Sin embargo, no estaban listos para enfrentarse a problemas masivos de menor complejidad, fabricar vacunas por millones, desplegar centros de detección, y analizar cientos de miles de muestras en horas, por no hacer una lista más larga. El enfoque de alta especialización los había alejado de un escenario probable.


Bajo condiciones de desconocimiento del virus, inexperiencia con pacientes asintomáticos y una sucesión de tácticas erróneas, se generaron, por un lado, contagios en el personal médico y, por otro, división entre las autoridades políticas y sanitarias. Es en este campo abonado de dudas donde surge la infodemia que, difundiendo verdades a medias, falacias y mentiras en redes sociales, minaron la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y en las vacunas que se estaban desarrollando.


Es en este momento cuando la industria farmacéutica obtiene las vacunas y consigue su autorización de emergencia. Las campañas de vacunación se iniciaron en los países del primer mundo que tomaron la delantera - con suministros de vacunas aseguradas desde que estaban en ensayos - y los países menos ricos tendrían que esperar al mecanismo redistributivo de Covax Facility.



Fuente: BBC



DELTA: LA VARIANTE JUVENIL

 

La OMS hace seguimiento genómico de los coronavirus a través de una red científica internacional que intercambia datos en tiempo real. Esta red garantiza a los científicos que la información fluya más rápido que el coronavirus y permita anticipar las respuestas. Fruto de ese trabajo coordinado, el ente rector mundial de la salud pública categorizó las variantes más peligrosas en dos grupos; variantes de interés (VOI) y variantes de preocupación (VOC).


La variante Delta (B.1.617.2) fue detectada en la India y su impacto en este país superpoblado fue devastador; fue catalogada por la OMS como (VOC) variante de preocupación el 11 de mayo y, desde entonces, Delta ha ido desplazando a variantes previas en la mayoría de los países del mundo. Ahora registra dos mutaciones importantes (L452R y T478K) que han mejorado su capacidad de adherirse en la enzima ACE2 – la puerta de entrada – y, así, su capacidad de transmisión se ha potenciado.


Países pobres con pobre vacunación, una población mundial a medio vacunar, algunos países logrando el nivel de inmunidad colectiva y países desarrollados con bolsones de población no vacunada componen un escenario preocupante. Mientras la vacunación no avance, la variante Delta se seguirá desplazando. Por un lado, los datos viajan más rápido que el coronavirus, pero, por otro, este va más rápido que las vacunas.


Con parte importante de la población de alto riesgo vacunada, la variante Delta encontró en jóvenes y niños una vía de circulación no inmunizada; no estaban previstos. Ante el crecimiento de casos a las autoridades no les ha quedado más remedio que tratar de cerrar el boquete con dos medidas clave: acelerar la vacunación a los adultos mayores de 18 años y ampliar la vacunación a personas mayores de 12 años.



Fuente: bbmundo



¿SE NECESITA O NO SE NECESITA?


La vacunación juvenil e infantil ha generado un dilema ético en la comunidad científica. Este no parece tan urticante en las autoridades sanitarias nacionales y menos a nivel de población. Las evidencias científicas indican que los niños no enferman con gravedad y, a diferencia de adultos mayores y personas vulnerables, su vida no estaría mayoritariamente en peligro.


Los problemas son dos. Primero, con tanta resistencia infodémica a las vacunas, las tasas de vacunación completa son bajas. Es vital acelerar hasta llegar al 80% de la población con dosis completa. Segundo, si bien los niños no presentan cuadros clínicos graves, sí serían portadores pasivos, y, por su dinámica social, podrían contagiar a personas mayores de mayor vulnerabilidad.


Si la infancia es el futuro de los países, la decisión ha sido una: vacunar a los jóvenes primero y, a medida que los estudios lo demuestren, ir reduciendo la edad de vacunación hasta llegar a la niñez. Las primeras autorizaciones fueron para mayores de 12 años. En Chile se vacunan mayores a 7 años y, en Cuba, niños desde los 2 años.





Pero este es un enfoque claramente local y, para poner fin a una pandemia, es necesario pensar de manera global. La vacunación de niños ayudará a las naciones, pero mientras existan países donde el virus circula a sus anchas y muta sin resistencia, la guerra no se va a ganar. El mundo necesita 11,000 millones de vacunas en un lapso corto de tiempo para que todos tengan un nivel de respuesta inmunitaria fuerte, esto está muy lejos y sin visos de solución en el plazo inmediato.


Surgen voces que piden vacunar a los jóvenes y reasignar de una vez los excedentes de vacunas, los altos inventarios también corren riesgo de vencimiento en almacenes. Otra solución de fondo es la transferencia de tecnología para la producción en África; la primera decisión es política, la segunda decisión es regulatoria.


 

LOS LABORATORIOS COMPITEN POR LA VACUNA Y POR EL MERCADO


La industria farmacéutica no se detiene. Ante la perspectiva que el COVID-19 se convierta en una enfermedad endémica y se requiera de vacunas de refuerzo anuales a toda la población por un plazo indeterminado, la industria farmacéutica ha redoblado esfuerzos y recursos para el desarrollo de estudios clínicos que garanticen eficacia y seguridad en las vacunas para niños.


Es una contribución a la ciencia, pero también es un gran negocio que permitirá recuperar y reinvertir los miles de millones de dólares invertidos para desarrollar nuevas tecnologías que se aplicaron en las vacunas para adultos. Como el mercado premia y descuenta todo, las acciones de las empresas farmacéuticas inscritas en bolsas de valores vienen aumentando su cotización; los inversionistas ven en ellas mucho potencial de mercado y alta rentabilidad.



Imagen: UNICEF



No se sabe cuán importante, segura y eficaz será la vacunación de niños, pero la industria tendrá las vacunas listas. Podría resultar poco importante porque los niños más pequeños de movilizan menos, transmiten poco y la letalidad sería muy baja, pero el mundo ya aprendió que a los coronavirus no se les puede dar ventaja, hay que esperarlos sanitariamente artillados.



¿VACUNAMOS A LOS NIÑOS O CERRAMOS EL PASO A LA PANDEMIA?


Aceptada por consenso, en la decisión de la vacunación de jóvenes de alta movilidad social todavía persisten muchas dudas sobre la necesidad real de inmunizar a los niños. Algunos científicos sostienen que es más urgente destinar recursos y vacunas a los países del tercer mundo, acortando así los plazos para la inmunidad global.


Desde la implementación de medidas restrictivas de circulación e incluso de trabajo a los no vacunados, la tasa de vacunación viene aumentando y surge la pregunta acerca de si será necesario arriesgar inmunizando a los más pequeños cuando la incidencia de cuadros clínicos graves es casi nula.



Imagen: EFE/EPA/Daniel Irungu



Las vacunas protegen, de eso no hay duda, pero las poblaciones sin vacunar están desprotegidas y sirven de invernadero para nuevas variantes cada vez más peligrosas.


Dios nos libre de una variante con capacidad evasiva a las vacunas, allí el mundo perdería todo lo avanzado.