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Una Comprometida Revolución Científica

La pandemia de la Covid-19 aceleró el proceso de digitalización en el mundo y facilitó la cooperación global de de científicos con el fin de que, junto a la inteligencia artificial, se logre desarrollar una salida rápida de la crisis sanitaria. Los adelantos ayudarán a mejorar la vida del hombre, sin embargo el mal uso de los mismos podría ser perjudicial.

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21 oct. 2021

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Observatorio de Pandemias

Por: Patrick Wieghardt 


Los homo sapiens aparecieron hace más de 300,000 años y aunque tenían una gran capacidad mental de comunicar, socializar, aprender e inventar, se pasaron la mayor parte de su historia como una pequeña población nómada distribuida en el mundo netamente dedicada a cazar y recolectar.


Solo hace unos 10,000 años, la humanidad dio el salto más grande de su historia: los humanos dejaron su vida nómada y empezaron a asentarse creando comunidades agrarias y ganaderas. Este cambio societario generó una cadena de eventos que creó un círculo vicioso, ahora los humanos podían tener más hijos, los mismos que podían producir más comida, y que ahora podían alimentar más humanos.


Las aldeas se volvieron pueblos, los pueblos se volvieron ciudades y sus sociedades generaron un gigantesco salto tecnológico inventando herramientas, idiomas, sistemas de escritura, leyes, rutas de comercio e ideologías que hasta los llevaron a destruirse mutuamente mediante guerras. Aunque las pandemias siempre existieron en esos remotos grupos de cazadores y recolectores, ahora con densas y conectadas poblaciones, las epidemias se podían propagar mucho mejor.


Cada pandemia, por la que pasó la humanidad, siempre fue caracterizada por nuevos avances tecnológicos, que mejoraron la futura sanidad con cambios radicales en higiene y con nuevas terapias. Sin embargo, el interés histórico de nuestra sociedad siempre va a estar más enfocado en los eventos políticos que en los eventos naturales que cambiaron la sociedad, por eso la primera guerra mundial es un mejor hito de referencia que una menos reconocida gripe española pocos años después, pero con muchísimos más fallecidos.


 

El segundo salto más grande tecnológico de la humanidad desde que se dejó la vida de cazadores-recolectores se está produciendo hoy durante esta era digital, la misma que nos podría traer amenazas existenciales mediante la inteligencia artificial. Por eso nos debemos asegurar que estas tecnologías sean usadas como herramientas para un mejor futuro no muy lejano y no como armas para nuestra destrucción.


Con ilimitado poder computacional y conocimiento biológico, en esta era digital, el dueño de la data será el dueño del futuro y debemos aplicar ya regulaciones y restricciones para prevenir que nuestros sistemas democráticos se vuelvan autocráticos. La pandemia del SARS-CoV-2 ha sido un gran acelerador de este proceso de digitalización y ha facilitado una cooperación multinacional de científicos para desarrollar rápidamente una salida a esta crisis, pero también nos ha enseñado la pésima cooperación política y la debilidad de nuestros sistemas a nivel nacional e internacional. 


Durante el COVID todo se volvió digital y nuestra sociedad ha aceptado que todo se empiece a monitorear y vigilar. La revolución informática y la revolución biológica se combinaron, con sensores biológicos chequeando temperatura, diagnosticando infecciones y siguiendo a contactos vía aplicaciones móviles. Solo hay que imaginar la cantidad de valiosa o delicada información que se puede crear combinando esta data con reconocimiento facial.


Es urgente que nuestros líderes políticos, gobernantes y legisladores empiecen a explicar a la sociedad los riesgos y peligros asociados con esta constante vigilancia, quién es el dueño de la data y quién podría accederla. Es importante conocer la ética detrás y qué regulaciones se deben aplicar para defender la democracia.



Un momento de debate presentado por Manuel Campo Vidal (Debate científicos - políticos)

Fuente: Público