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Pandemia, salud mental y retorno a las escuelas

¿Las cuarentenas son realmente efectivas? ¿De qué manera afectaron en la educación de los niños? ¿Por qué se deben reabrir las escuelas

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29 oct. 2021

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Observatorio de Pandemias

Desde su lanzamiento, el Observatorio de Pandemias del Perú, iniciativa del Instituto del Futuro con el apoyo de las fundaciones Fiedrich Naumann y Atlas Network, viene luchando contra la infodemia. Nos queda claro que la Covid-19 es solo la primera pandemia, pero la información recibida nos permite visualizar que la siguiente pandemia está más cerca de lo que pensamos: la salud mental.


Cuando el país alcance el nivel de inmunidad y el 100% de las actividades se normalicen, emergerán datos, estudios y cuadros clínicos que mostrarán la gravedad del problema. Por ahora vienen llamando la atención los profesionales en salud mental y colectivos que exigen la reapertura ordenada de centros educativos, considerando el avance de la vacunación y la normalización de actividades.



ANTECEDENTES


En el mes de marzo del 2020, en un lapso de solo dos semanas, el mundo se paralizó y la población mundial debió confinarse preventivamente. No fue de improviso, pues el mundo seguía la batalla en China y los primeros casos europeos, pero estos parecían lejanos hasta que se decretaron las más severas restricciones en los cinco aspectos básicos: confinamiento domiciliario, cierre de oficinas, cierre de centros educativos, cancelación de eventos públicos y prohibición de traslados.


Se conocía muy poco del coronavirus y este avanzaba rápidamente. Como se sabe, las autoridades sanitarias en pandemia cuentan con un arsenal de instrumentos farmacológicos (medicinas) y no farmacológicos (restricciones). En un contexto de poco conocimiento del virus y la aún lejana obtención de vacunas, la respuesta fue exclusivamente no farmacológica: restricción de movimientos y circulación para frenar la propagación del coronavirus. Hoy se sabe que la medida fue insuficiente para frenarlo, pero sí desaceleró la curva de contagios.






Países muy estrictos desde el inicio fueron China, Taiwán, Australia, Perú, Argentina, entre otros. Algunos fueron más relajados tratando de proteger la salud de sus economías como EE.UU., Inglaterra, México y Brasil. El costo en vidas humanas de retrasar la decisión fue muy alto, más tarde que temprano sus poblaciones debieron confinarse al extenderse los contagios.


En todos los casos, las poblaciones debieron redefinir sus formas de vivencia y reglas de convivencia, dado que los confinamientos fueron a plazo indeterminado. En las primeras semanas se restablecieron y se fortalecieron vínculos internos, pero a medida que las semanas se extendían, era natural el desgaste emocional y el surgimiento de desbalances.


 

¿LAS CUARENTENAS SON EFECTIVAS?


Las órdenes de confinamiento tuvieron un gran objetivo: reducir la tasa de contagio (Factor R ó número reproductivo) en un nivel cercano a 1. Al decretarse las medidas, la tasa superaba el nivel 2 con tendencia al alza.


La inmovilización logró moderar el Factor R en las sociedades más organizadas, pero en América Latina, donde confluye la baja conectividad, poca disciplina, desorganización, trabajo informal y pobreza, la restricción de movimientos era insostenible: buena parte de la población más pobre debió salir a trabajar para sobrevivir, pobladores de escasos recursos continuaron circulando sin mecanismos de rastreo exponiéndose al contagio viral, y los trabajadores independientes terminaron llevando el virus al espacio más cerrado de todos, sus propias casas. 


Otro factor decisivo fue la insuficiencia de infraestructura sanitaria en general y de cuidados intensivos en especial, sin sistemas de rastreo e inmovilización, los contagios se multiplicaron y los servicios médicos – que aún no contaban con protocolos de tratamiento firmes – fueron desbordados provocando cientos de muertes. Pasado el tiempo se constató que las inmovilizaciones desaceleran el factor R, pero la reducción del mismo está ligada a la existencia de un sistema de rastreo, detección y seguimiento que complemente la inmovilidad.






Hoy resulta evidente que las cuarentenas deben ser soportadas con tecnología, pues los datos viajan más rápido que el virus y, cuando en una ciudad o un país se vuelve a las restricciones masivas, es un implícito reconocimiento que se carece de infraestructura suficiente, de instrumentos farmacológicos y de herramientas epidemiológicas como pruebas diagnósticas masivas, rastreo de contactos y aislamientos individualizados. Todo lo anterior se cataliza en precarización económica y deterioro en la salud mental de la población.


El confinamiento es el paracaídas de una sociedad que quiere evitar una tragedia mayor y una sociedad no puede usarlo repetidamente sin que se desgaste o se rompa. Conscientes de ello, las autoridades optaron por gradualizarlos y anunciarlos buscando involucrar a la población. El más popular fue el sistema de semáforos por su fácil comprensión.



IMPACTOS DE LAS CUARENTENAS

 

El país que demostró que la complementariedad técnica era clave para el control de la pandemia fue Uruguay, país pequeño y homogéneo que, basado en una gran cantidad de pruebas diagnósticas (100 por cada positivo) y buena tecnología de seguimiento, logró contener los contagios. Por el contrario, países como Bolivia, México y Perú, tuvieron en las primeras semanas ratios paupérrimos (2 PCR por cada caso positivo), a todas luces insuficiente.

 

Con la economía detenida y las actividades de socialización cortadas, llegar a un umbral de agotamiento ciudadano era cuestión de semanas y, su posterior extensión, durante meses generó en la población reacciones desgastantes que aún no han emergido. Hoy, la atención se concentra en el Covid-19, vacunación, variante Delta y la resistencia a las vacunas.

 

El agotamiento ciudadano se hace notar de diversas formas: estrés intenso, violencia doméstica, abusos sexuales, baja calidad nutricional, abandono de tratamientos, surgimiento de enfermedades del sedentarismo, baja concentración, quiebre de vínculos afectivos y un largo etcétera. Se debe reconocer que surgieron algunos beneficios como menor gasto, mayor ahorro, redefinición de canales comerciales, desmaterialización del dinero, recuperación de vida familiar e incluso reducción de la contaminación ambiental, pero algunos activos son transitorios mientras los pasivos pueden llegar a ser permanentes.





Esta severa presión también reveló la fragilidad de algunas estructuras aparentemente sólidas: la baja penetración de internet y las deficiencias en la asignación de equipos para educación a distancia, profundizó la grieta de la inequidad interna (urbes con acceso, zonas rurales sin acceso) y regional (países con mucha mayor conectividad que los países de América Latina). No debe sorprender que el severo estrés pandémico genere movimientos telúricos en términos sociales y políticos. En tiempos de pandemia se registraron protestas callejeras de gran magnitud en Colombia, Perú, Chile y Argentina.

 

Si estas son las causas, los efectos que se esperan en el corto y mediano plazo son muy preocupantes: trastornos emocionales en toda la niñez del país por lo extenso del confinamiento y, en el caso de la niñez rural, debe sumarse la futura exclusión por los dos años perdidos en términos pedagógicos. La salud mental es una olla de presión social a punto de estallar.



LA NIÑEZ Y LA ESCUELA


El cierre muy prolongado de las escuelas puede tener consecuencias catastróficas para el futuro de países latinoamericanos que comparten las mismas precariedades; mínimo acceso a internet, atraso en la enseñanza, abandono escolar, desconexión del niño con los juegos y la socialización propia de su edad, son en conjunto una profunda herida abierta y sin plazo para cicatrizar; como toda herida abierta está expuesta a infecciones sociales de baja y alta intensidad, esas grietas emocionales pueden ser endémicas y un lastre para toda la vida si no se actúa rápidamente, aún no se descubren antibióticos para el alma.


Si la situación es tan preocupante, ¿por qué los estados no reaccionan? La respuesta es que los estados, con la variante Delta circulando a sus anchas en países de baja vacunación, están muy concentrados en vacunar a más personas, alcanzar rezagados, aplicando dosis de refuerzo hasta alcanzar la inmunidad colectiva y recién, con esa tranquilidad, reactivar todos los programas de salud paralizados, reorganizarse para atender las nuevas necesidades e incorporar nuevas tecnologías.


Los estados reaccionaron por presión de los sectores económicos. Meses atrás – con tasas de vacunación incipiente - los primeros locales en reabrirse con aforos controlados fueron los terminales de transporte, centros comerciales y de esparcimiento. La lista se ha ido ampliando a eventos deportivos en espacios abiertos, hasta espectáculos en recintos cerrados como el teatro o el cine. Llama poderosamente la atención que con una tasa de vacunación completa, mayor a 55% y 1.4 millones de vacunas aplicadas semanalmente, la apertura general de escuelas y universidades se siga retrasando tanto.


En el mundo, las decisiones sobre cierres/aperturas/medidas de control en los centros educativos no son tomadas como una acción aislada, es parte de un conjunto de decisiones relacionadas a la normalización de las actividades del país como la reapertura de fábricas, transporte y centros comerciales. Esto no está sucediendo en Perú, donde las actividades extractivas se paralizaron apenas semanas y los centros comerciales solo algunos meses, mientras el futuro del país (la niñez) tienen sus escuelas cerradas ya casi dos años lectivos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Días atrás, el experto Patrick Wieghardt publicó este interesante cuadro que demostró que, en las zonas de baja vacunación, la apertura de las escuelas es más alta que en las zonas de mayor vacunación, es decir, que la decisión de mantener las escuelas cerradas no tendría evidencia científica de sustento y estaría basada en temores o prejuicios. El principal de ellos es la informalidad en el transporte urbano nacional. 






Pero el temor a lo desconocido debe conducir al análisis frio y objetivo. En primer lugar, está demostrado que los niños no suelen desarrollar cuadros graves de COVID-19 y la vacunación de menores se está autorizando en varios países para prevenir la infección y cerrar el paso a las nuevas variantes de COVID-19. La vacunación infantil ayudará a alcanzar el umbral de inmunidad colectiva en países de alta resistencia antivacuna. En segundo lugar, todo el personal de colegios está completamente vacunado y será priorizada en una tercera dosis de refuerzo. Finalmente, el transporte urbano está operando desde hace varios meses con personal completamente vacunado.


¿Quieren seguridades de vacunación en el transporte?  


No es difícil pero sí es muy laborioso. En principio, todas las unidades (metro, metropolitano y líneas) tienen bases logísticas conocidas donde las autoridades ya realizan inspecciones y verificaciones de revisión técnica y SOAT, extender el control al QR del carnet de vacunación del MINSA es muy simple. De la misma manera, los servicios de metro y metropolitano tienen lectores de tarjeta para el ingreso a las unidades, adicionar el lector de QR del carnet del MINSA no es nada complejo. Asimismo, las unidades complementarias (líneas) pueden ser equipadas rápidamente. Por último, el gran temor es la oferta de unidades abiertamente informales (menos del 10% del total) y aquí el tema es generar conciencia en los padres y de inspecciones policiales: SOAT, revisión técnica y carnet de vacunación.


Al parecer, en la decisión de apertura solo se ponderan los perjuicios económicos presentes de unos, los perjuicios emocionales futuros de todos no son ponderados. En otras palabras, el interés particular se sobrepone el interés colectivo. Lo que falta es una decisión técnica y valiente que, basándose en evidencias (no las creencias), pondere los beneficios y perjuicios de mantener cerrados los centros educativos. Los beneficios son mínimos y los perjuicios futuros incalculables.



¿POR QUÉ ABRIR LAS ESCUELAS?

 

Una vez Desestigmatizado el monstruo del transporte informal (con sistema básico de rastreo), como canal de contagios masivos y con pleno conocimiento que los niños no desarrollan cuadros tan graves de COVID19 como los adultos, es necesario reflexionar por qué consideramos indispensable la apertura de centros educativos a nivel nacional.




  1. La vida en confinamiento ha sido difícil para madres, padres y sobre todo los hijos. No es lo mismo perder 2 años de 40 (5%) vividos que 2 de 10 (20%) en pleno proceso formativo.
  2. La enseñanza a distancia no tuvo éxito, los bien conectados no se concentraron y los desconectados no pudieron acceder. Estamos cerca de un peligroso umbral de frustración colectiva que debe ser evitado. Las enfermedades mentales pueden ser la siguiente pandemia y a nivel de decisores nadie lo está tomando en serio.
  3. Si bien los logros académicos son pobres, los estudiantes han demostrado querer aprender y recuperar el tiempo perdido. Para ello necesitan ayuda de sus profesores y los medios de la escuela.
  4. La deserción escolar ha sido muy elevada y los niños más vulnerables están en riesgo inminente de no retornar nunca más a clases y ser sujetos de explotación infantil.


La confluencia de estos factores grafica un escenario aterrador, pero la reapertura de escuelas necesita ciertas condiciones elementales: infraestructura escolar, servicios públicos, recursos humanos, tecnologías de información, comunicación y financiamiento. Lo perfecto es enemigo de lo bueno y en estos dos años los estados han tenido tiempo para mejorar algunas de estas condiciones. Por otro lado, existe conciencia que el retorno a la escuela representa también una oportunidad para aprender a convivir con esta primera pandemia y las que vengan, es una oportunidad.


La apertura no sería abrupta, todo lo contrario: escalonar días de asistencia, horarios de clase y refrigerios, transitar de aulas cerradas/rígidas a aulas abiertas/flexibles y la extensión de la jornada debe calcularse caso por caso de acuerdo con el estado de la infraestructura de servicios del centro educativo. Por muy corta que sea la peor jornada es la que no existe. Según CNN News los países de la región donde los niños han vuelto a las aulas son: Argentina, Chila, Uruguay, Colombia, Bolivia, Paraguay, Puerto Rico, México y Ecuador.

 

La reapertura es una decisión de estado de gran trascendencia, somos un país de ingresos medios que está a punto de perder dos años formativos mientras los países de altos ingresos solo perdieron uno. Es decir que, si la brecha de ingresos y conocimientos ya era alta, esta se ha extendido aún más. Algunos piensan que es ya una “generación perdida” a causa de esta interrupción pedagógica y emocional pero también es una decisión determinante de la futura estructura social del país: el presente de nuestros niños es el futuro de nuestro país y quienes no vuelvan a la escuela quedan muy vulnerables hacia la explotación infantil y sin educación serían marginados de por vida.


Esto es inaceptable en un país como el nuestro. Si no hacemos nada, la regresión a país inviable de ingresos bajos está asegurado.