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El rebote post Covid-19 fue fácil, ahora toca lo difícil

En el 2020, el confinamiento por la pandemia interrumpió la producción y suministro de algunos bienes. Esto gatilló despidos de trabajadores, cierres de fábricas, suspensión de contratos y demás. El rebote fue fácil, pero lo difícil está por llegar y no estamos preparados.

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12 nov. 2021

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Observatorio de Pandemias

El cierre abrupto de las economías provocó caídas muy fuertes en los PBI de las naciones en el mundo, la gran mayoría las cerraron muy rápido y a casi todos les fue mal, excepto a China, cuya economía arrancó rápidamente tras la primera ola del COVID-19. Las demás economías registraron fuertes retrocesos homogéneos.


Pasada la emergencia y aumentada la vacunación, los países van abriendo sus economías de manera dispar:



  • Países de mayores recursos con poblaciones vacunadas vienen volviendo a la normalidad aceleradamente.



  • Países más pobres que aún no se vacunan y sus economías siguen cerradas.



  • Algunos países presentan una progresión vacunatoria positiva, pero las autoridades no confían en sus propios logros ni asumen los riesgos de convivir con el coronavirus.


En este tercer caso se ubica el Perú, país que mantiene actividades semi abiertas y otras semi cerradas.



ANTECEDENTES


En marzo del 2020 el mundo vivió un efecto dominó con los cierres de fronteras, la paralización de la circulación y los confinamientos obligatorios. La pandemia del coronavirus era, desde antes, un escenario probable para las autoridades sanitarias del mundo y, de alguna manera, la comunidad científica no fue sorprendida.


En el año 2017, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los EE. UU. publicó directrices no farmacéuticas para la prevención de lo que llamaron “gripe pandémica”, estas incluían medias ambientales y desinfección extrema, aislamiento domiciliario de enfermos, cuarentena domiciliaria de familiares, distanciamiento social y, confinamientos y cierre de actos públicos.


Estas recomendaciones fueron oportunas y rápidamente adoptadas gradualmente en todo el mundo, tratando de mitigar el daño a la economía. En otros países se adoptaron drásticamente, priorizando la vida de la población sobre el daño económico.



EL IMPACTO ECONÓMICO


La adopción gradual de medidas cada vez más restrictivas se traducía en caídas en la disponibilidad de mano de obra, se sabía que una medida extrema y estricta podría generar costos económicos importantes como pérdida de empleo y cierre de empresas en los sectores menos tecnificados y con menor acceso a la tecnología.


Si algunos países como Perú tomaron una decisión drástica, cada uno debería asumir sus impactos, pero si muchos países hiciesen lo mismo, sería el mundo el que tendría que asumir el impacto sistémico negativo en puntos fundamentales:



  • PBI: caída en producción de bienes y servicios
  • Logística: paralización del aparato productivo e interrupción en la cadena de suministro
  • Macroeconomía: deterioro, los países gastan sus reservas y se endeudan
  • Economía: caída de ingresos, consumo de ahorros
  • Precios: distorsión de precios relativos
  • Tasa de interés: en el 2020, reducción del costo solo a los bancos y, en el 2021, incremento del costo a bancos y consumidores.


Al cierre del 2020, la reducción de la actividad económica golpeó al mundo, pero los impactos en algunos de los países de la región eran alarmantes en términos del PBI nacional, según la CEPAL: 



  • Venezuela -30%, siete años continuos de contracción económica. 
  • Perú -12.9%, interrumpiendo una década de crecimiento económico
  • Panamá -11%, interrumpiendo una década de crecimiento económico.
  • Argentina -10.5%, tercer año continuo de contracción económica.
  • México -9%, su mayor contracción desde 1932.
  • Ecuador -9% agravando una tendencia decreciente. 


El gran problema no es la caída en sí misma, el problema real es el ensanchamiento de los desequilibrios macroeconómicos y la naturaleza estructural de estos desequilibrios entre estos países y el conjunto de países de la región con relación al mundo. 



LA SITUACIÓN HOY


Los gobiernos, los científicos y los industriales farmacéuticos se movieron a una velocidad sin precedentes durante los últimos 18 meses para desarrollar, hacer llegar y aplicar masivamente las vacunas contra el coronavirus. No ha sucedido lo mismo con los agentes económicos que se han movido con gran energía, pero con serias intermitencias.


Desde el lado sanitario, el éxito en el desarrollo y escalamiento productivo de las vacunas equivale a una hazaña científica sin precedentes, también un fortalecimiento de la infraestructura sanitaria con grandes inversiones. No obstante, la marcada inequidad en la vacunación con un primer mundo que va por la tercera dosis y un tercer mundo que apenas comienza con la primera dosis, es un fracaso estrepitoso.





Las campañas de inmunización determinarán si el virus se vuelve endémico y se controla con vacunas anuales. Sin embargo, el amplio campo de no vacunados en el mundo (desde países sin acceso a rebeldes antivacunas en países con acceso) hacen de este un pronóstico reservado.


Si bien los científicos siguen avanzando con nuevas vacunas más estables y fármacos orales para el tratamiento del COVID19, nuestra sociedad ha fracasado al incrementarse las brechas de inequidad vacunatoria (vacunados vs no vacunados), educativa (conectados vs desconectados) y económica (economías abiertas vs economías restringidas). La carrera de la recuperación económica es asimétrica con algunos corriendo, otros partiendo y los más pobres observando la carrera.



¿RECUPERACIÓN O REBOTE ECONÓMICO?


En el 2020, el confinamiento mundial interrumpió la producción y suministro de algunos bienes, esto gatilló despidos de trabajadores, cierres de fábricas, suspensión de contratos e incumplimientos por fuerza mayor que trajo consigo un corto periodo de severa contracción de la demanda generándose un espacio breve de recesión inducida.


La reapertura económica postpandemia generó rápidamente alta demanda de bienes y servicios, pero navegar esta ola no viene siendo fácil. Era previsible que las distintas variables relativas se desordenen, pero la llamada nueva normalidad económica ha comenzado con un fuerte aumento en el precio de las materias primas, alza de precios energéticos, escasez de contenedores, congestión de naves en puertos cuyos aforos se han recortado, que se cierran ante cualquier brote y donde sus trabajadores han endurecido sus condiciones laborales. La consecuencia es la multiplicación del precio de los fletes marítimos, la clave del comercio global.





Otros efectos son la escasez, el alza de precios, el retorno de la temida inflación y la ralentización económica mundial. Todo parece indicar que la producción y logística podrán retomar sus canales, frecuencias y eficiencia pre pandémica recién en el año 2023. Para países desarrollados, perder impulso por no poder producir lo que la gente demanda es una mala noticia, para países con economías aún semicerradas y desequilibrios macroeconómicos severos, esta es la tormenta perfecta.


La economía china había crecido fuertemente al inicio del año y ha comenzado a desacelerarse (18.3% en el primer trimestre, 7.9% en el segundo y 4.9% en el tercero). Si el principal demandante de materias primas del mundo y uno de los principales ofertantes de productos manufacturados se desacelera, el impacto sería sistémico.




Con una posición conservadora, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó su proyección de crecimiento económico global al 5,9% para 2021 y mantuvo su pronóstico para 2022 en 4,9%, un retroceso económico. Es importante considerar que estas proyecciones son un promedio donde unos crecen más, otros crecen menos y otros seguirán retrocediendo.







En Perú viene sucediendo lo mismo. En el primer semestre se registró un crecimiento de 20%, casi nivelando la tasa de crecimiento prepandemia, pero por efectos de la crisis logística y una nueva crisis política que viene erosionando la confianza de los agentes económicos. La tasa de crecimiento anual proyectada para el ejercicio 2021 es de 11.9% del PBI, reajustada por el Banco Central de Reserva a 13.2%.





La fragilidad de Perú viene por el lado de la volatilidad de los precios, los commodities mineros y agrícolas tienen precios fluctuantes, no existe garantía alguna que indique su manutención. Por otro lado, la salida de capitales ascendió a US$ 15,000 millones en lo que va del 2021. El Banco Central defendió el tipo de cambio comprando US$10,000 millones en el mercado spot y US$ 5,000 millones en derivados. Los fundamentos internos se han debilitado y deben agregarse a la preocupante baja competitividad y desaceleración de pequeñas y medianas empresas no exportadoras.






LOS PROBLEMAS DE FONDO


El inicio de la crisis fue sanitario. Buena parte del mundo alcanzará el nivel de inmunidad a finales del 2021. Quedará la inmensa tarea de contribuir en la inmunización de los países más pobres y erradicar al SARS-CoV2 del planeta, pero las heridas de la desigualdad quedan abiertas y, en algunos casos, con riesgo de infección económica y social.


En lo económico, a partir del 2023 debería reflexionarse sobre el poder e influencia de China sobre la economía: oligopsonio como comprador de materias primas y oligopólico como industrial y despachador de mercancías. Buena parte del problema actual es generado por la concentración logística.




En lo social, es previsible que se generen más problemas, desde migraciones por pobreza o violencia, hasta la irrupción de liderazgos religiosos o mesiánicos en los países más pobres y castigados por la pandemia.


Volviendo a lo sanitario: el COVID-19 pasará dejando en la población graves cuadros de enfermedades mentales (producto de la ansiedad) y circulatorias (producto del sedentarismo) que los estados deben atender. Además, deberán prepararse para la próxima pandemia sanitaria y la gran crisis del cambio climático. 


Esta solo fue la primera, ahora toca lo difícil.